[Milan Kundera – El Libro de los Amores Ridículos]

…había estado tratando de imaginar [aunque no se atrevía a creer que lo que imaginaba pudiese convertirse en realidad] qué aspecto tendría si la besase, la desnudase y le hiciese el amor, pero no lo conseguía. Sí, era curioso: mil veces intento imaginársela haciendo el amor, pero fue en vano, la cara de ella seguía mirándolo con su sonrisa tranquila y suave y él era incapaz [ni con el mayor esfuerzo de su imaginación] de ver cómo se torcía en el gesto de la exaltación amorosa. Ella escapaba por completo a su capacidad imaginativa.
Y aquélla fue una situación que jamás volvió a repetirse en toda su vida: aquella vez había estado cara a cara con lo inimaginable. Evidentemente estaba pasando por ese breve período [el período paradisiaco] en que la imaginación esta aún provista de experiencias, aún no ha caído en la rutina, conoce poco y sabe poco, de modo que aún existe lo inimaginable; y cuando lo inimaginable debe convertirse en realidad [sin la medición de lo imaginable, sin el puente de las imágenes], el hombre se ve sorprendido y cae presa del vértigo

[Fotografía-Waclaw Wantuch]

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