Pensé que aquella cicatriz, ya estaba sanada, y que sobre ella había crecido piel sana, normal, que no quedaban huellas, había vuelto a sonreír y pensar que ya era tema superado, pero no, no todo era tan fácil, empezó a abrirse y a doler como nunca antes, la sangre, que brotaba de ella era imparable, era fría y agria. Su acides empezó a carcomer los tejidos que la rodeaban, ya no era solo un pequeño corte, si no que crecía, sentía como cada mililitro de la piel sana iniciaba su largo viaje asía la muerte, y la música que fue el refugio de siempre, no servia, si no que era peor, los acordes que alguna vez fueron dulces caricias, hoy se insertaban en mi, eran pequeño clavos, que penetraban lentamente mi piel, sentía como entraba cada uno de ellos, como cada punta se las arreglaba para atravesar y seguir su amargo camino, se retorcía cada uno de mis sentidos, rezaba, rezaba para no poder sentir, no sentir más y volver a ser la roca que siempre fui y nunca debí dejar de ser…

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